PROLOGO por Enrique Medina
Las diversas significaciones de este libro, más allá de lo que pueda entenderse,valorar o rechazar como texto autobiográfico, agrega, sin medias tintas, un nuevo y muy estimable aporte al caleidoscopio de crónicas, declaraciones, leyendas,testimonios fracasos dignos y de los otros, críticas que, habitualmente, se hacen sobre el tema de los menores encerrados. Es bien sabido que formalmente estos claustros se los denomina con mucho tacto y disimulo, asépticamente digamos, "asilos", "hogares", "escuelas","institutos y una larga ristra de amabilidades que esconden el concreto y despiadado embretamientode los menores abandonados en reformatorios y correccionales que no sólo no reforman ni corrigen sino que son crueles antesalas de infiernos posteriores. Acostumbrada la sociedad a generalizar, ha sido un lugar común el facilismo de la acusación señalando ipiadosamente con estigmas a todas las criaturas que no han tenido la suerte de un hogar formalmente constituido. Quizas no hace falta decir que hay diferencias entre los menores que se albergan en esos lugares,insistiendo que posiblemente haya algunos que pr tendencias o inclinaciones se decidan por los caminos más cuestionados y otros, fortalecidos por espíritus más aptos, desdigan la insultante idea de que todo aquel que ha pasado por esa cuevas con patios pueda ser calificado sin atenuantes como delincuente precoz; pero sí es necesario apuntar que el hacinamiento fomenta climas dirigidos que estimulan, amparan, protegen y garantizan la creación de submundos marginales que complican hasta la dificultad absoluta el control de los internos.
Por supuesto, aquellos que van a parar al hoyo del dolor más desesperado, por debilidades o malentendidos, no siempre pueden elegir su senda; y sin duda son los menos. Esto, se supone que lo sabe todo el mundo, pero igual conviene indicarlo para evitar la ligereza de algunos pensamientos maniqueos.
A estos lugares que los menores califican sin vueltas ni afecciones como "tumbas", en la práctica no han sido más que cárceles encubiertas, con todo lo tenebroso que abarca la palabra "cárcel". Desde siempre, a partir de una pésima política implementada, nunca se ha conseguido tener un trato adecuado para acertar con idoneidad el problema. Todos los intentos se quebraron en estrepitosas y lamentables frustraciones, quedando como única salida la acumulación de parches para tapar los agujeros que amenazan, de tanto en tanto, amotinamiento más- amotinamiento menos, con poner al descubierto la orfandad de medios e inteligencia para atender con eficacia la dificultad. Y así, para salir del paso,resultó más fácil calificar a los internos como "delincuentes precoces". Seguramente por aquello de "por algo estarán ahí" - "algo habrán hecho"... Y la sociedad en paz. Es cierto que estas tumbas surgieron como resultado de una falta total de capacidad para entender y superar las dificultades que proponían los chicos de la calle; y también es cierto que al no tener elementos materiales e intelectuales para proponer una respuesta se cayó en la extrema actitud de proceder con la simpleza del fascismo. Así se demarcaba un territorio para los leprosos en los tiempos en que la medicina no tenía soluciones para dicha enfermedad. Se erigieron cuatro paredes a las que se llamó eufemísticamente con distintos rótulos, y se colocaron en la puerta de entrada una bandera y un escudo nacional. Se creyó que todo había quedado resuelto. La historia al respecto nos afirma que no fue así, que el problema nunca estuvo dominado, que a veces se lo contuvo con intenciones buenas o decisiones malas pero que siempre estaban erróneas desde la raíz: no se puede educar a un chico, encerrándolo. Y más donde el sistema de autoridad deviene del uso y abuso del castigo, ya sea de quienes acuden a la violencia como forma de autodefensa para sobrevivir en los submundos de la marginalidad de las tumbas.
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JURO DECIR LA VERDAD por Rosa Lacava
@ 2007-12-29 – 01:50:34 pm
1 Comentario en JURO DECIR LA VERDAD por Rosa Lacava
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